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Por norma general cuando una persona se va de nuestras vidas, sea porque ha fallecido o porque hemos finalizado una relación con alguien, nos cuesta asimilarlo. Tendemos de forma habitual a negar su pérdida.

Necesitamos seguir con nuestras vidas como si nada hubiera pasado y por ello nuestra mente nos hace trampas haciéndonos creer que la persona aún está: hablando de ella en presente, creyendo haberla visto en la calle, manteniendo su habitación tal y como él o ella la dejó, creyendo haberla oído, etc. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué este aparente sinsentido?

Lo único que ocurre es que necesitas asimilarlo, aceptar que la persona ya no está o que se ha acabado vuestra relación. El impacto de la pérdida es tan grande que aceptarlo de golpe sería abrumador y por ello parece mejor esperar. Y sin duda lo es. Pero no eternamente.

Es necesario trabajar en la aceptación. Sé que no es sencillo pero para comenzar a aceptar la realidad te sugiero empezar por lo siguiente:
  • Pregúntate por qué estás mal. Qué te está impidiendo avanzar y dejar de sufrir. La pregunta es: ¿De quién te quieres despedir?

  • Recuerda en forma de diario la relación que tenías con la persona. Haz un escrito, una carta, un collage, algo que te ayude a visualizar cómo era la relación que tenías con esa persona.

  • Habla con alguien de cómo era él o ella, de los recuerdos que tienes. Comparte con alguien de confianza lo que estás haciendo. No vivas este proceso en soledad, será más duro y difícil. El compartir te puede ayudar a asimilar mejor la realidad.

Si decides comenzar a afrontar la pérdida y quieres un apoyo puedo ayudarte en este camino y hacerlo más fácil.
Puedes contactar conmigo o pedir cita.

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