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¿Qué es la depresión?

Seguramente conoces a alguien que haya estado deprimido, que lo esté actualmente o tú mismo o tú misma estás pasando o pasaste por esto. Así que puede que te suenen los siguientes síntomas: tristeza, baja energía vital, aislamiento, irascibilidad, frustración, pérdida o ganancia de apetito, lentitud en el pensamiento y acción, miedo, etc. Estos síntomas se viven de una forma terriblemente incómoda, debido a que además, se alargan en el tiempo. La persona inicialmente entra en un periodo de confusión muy grande, no sabe lo que le pasa y poco a poco va apagándose del todo hasta (si no se para a tiempo) entrar en una parálisis vital y un sentimiento de vacío muy profundo. La vida en algunos casos deja de tener sentido y en casos más graves se plantea el suicidio como la única forma de acabar con este malestar porque la persona siente que «no vale para nada y es mejor dejar de molestar».

¿Cómo mejorar?

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Lo primero y fundamental es aceptar y tener en cuenta a la tristeza. Está ahí y te está ayudando a algo. Si has llegado hasta aquí no es porque seas un flojo o una floja, es porque probablemente, has aguantado muchísimo dolor y sufrimiento hasta el día de hoy. Ahora hay que darle espacio a la tristeza, escuchar lo que nos dice e ir poniendo las soluciones.

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El segundo paso es ir conociéndose a uno mismo y el cuerpo es el mejor sensor para ello. Cuando algo va mal en nuestro interior, el cuerpo avisa. Avisa por medio de dolores musculares, erupciones, catarros o de forma más sencilla por medio de cambios en el ritmo cardíaco o en forma de tensiones musculares menores.

Darse cuenta de estos signos ayudará a ver en donde poner el foco de acción de cara a un cambio. Si me tenso o siento un nudo en la garganta o presión en el pecho cuando me habla mi madre, por ejemplo, podré analizar el motivo de porqué me ha afectado tanto y darme cuenta de la responsabilidad que puedo tener yo con respecto a nuestra relación y hacer los cambios que sean necesarios.

A colación de esto llegamos al paso tres…

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Ser responsable y tomar las riendas de tu vida. Eso no significa que seas totalmente independiente. Por supuesto que no. Estás en un momento de tu vida en el que necesitas a otras personas que te acompañen y entiendan en estos momentos, pero sí que eres responsable de pedir cuando lo necesitas o de iniciar o cortar relaciones según esos avisos sensoriales mencionados anteriormente.

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El cuarto paso sería centrarse en cada momento del día. No ir a lo que pude haber hecho y tampoco ir a lo que haré. Simplemente «ahora estoy haciendo». Para ello es importante crear rutinas y prestar atención plena a cada una de las cosas que hago. Los días son tremendamente largos cuando estamos en este estado. Por ello es importante segmentar el día de modo que haya diferentes fases: mañana, descanso, comida, descanso, tarde, descanso, cena, descanso, noche, descanso. Se trata de no ver el día como «buff que martirio, cuantas horas quedan por delante» si no de centrase de cada fase con toda atención e ir acumulando hitos. No pasa nada por no conseguir alguno de esos hitos. En todo proceso de recuperación puede haber caídas. Así que si no se consigue terminar un «segmento» ya se terminará el siguiente. No hundirse ante un fracaso y seguir perseverando. Los fallos están permitidos, el abandono ante el mínimo fallo, no.

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Y el quinto paso, que realmente es paralelo a todos los demás es: busca ayuda profesional. No aguantes más de la cuenta. Que alguien externo a ti, te vea y te escuche de forma objetiva y te acompañe en este viaje tan molesto hasta que logres salir y volver a ser tú o a ser todavía mejor. Los profesionales te vamos a ayudar a salir de esto. Te vamos a dar el apoyo y la guía que necesitas. Probablemente te agobies porque tus familiares o amigos no paran de decirte: «venga, que te viene bien salir, que tú puedes, que esto pasa pronto…» y no, no necesitas precisamente eso. Necesitas simplemente comprensión y compañía. Y en estos momentos los psicólogos estamos ahí de forma incondicional, respetando tus ritmos y ayudándote a salir cuando realmente puedas.

Si te sientes identificado o identificada con algo de lo que acabas de leer estás en un momento de cambio. Estás en un momento en el que puedes darte el regalo de empezar cuidarte interiormente, de empezar a tenerte en cuenta. Por lo que mi consejo es: pide ayuda, comparte tu dolor, permitiéndote estar triste también. Recuerda que este estado es un aviso de algo.

Y del mismo modo si conoces a alguien que crees que pueda estar pasando por esto, acompáñalo en su dolor y ayúdale a buscar ayuda profesional. Hay salida.

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