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El pasado 10 de octubre se celebró el Día Mundial de la Salud Mental y este año estuvo centrado en la prevención del suicidio. Según la Organización mundial de la salud (OMS): cada año, cerca de 800 000 personas fallecen por esta causa, y otras muchas intentan suicidarse. Cada suicidio es una tragedia que afecta a una familia, a una comunidad o a todo un país y que tiene consecuencias duraderas en las personas cercanas a la víctima. El suicidio no respeta edades y es la segunda causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 29 años.

Señales de alarma

En la anterior publicación hablábamos de depresión. Este puede ser uno de los motivos de alarma de suicidio. Cuando la persona tiene una depresión mayor, uno de los pensamientos recurrentes que pueden aparecer es el desinterés por la vida. La pérdida de sentido vital. Y el suicidio.

Otras de las señales de alarma pueden ser: la dejadez, las verbalizaciones de desesperanza, cambios de humor drásticos, pasar de estar muy bajo de ánimo a de repente estar tranquilo o tranquila, escribir cartas o despedirse verbalmente de familiares y amigos, atar cabos sueltos en asuntos económicos o de gestiones en casa, o haber tenido algún intento autolítico previo.

Este último punto, el haberlo intentado antes, es un punto de suma importancia. A menudo escucho en consulta a familiares, amigos o incluso a otros profesionales decir frases del tipo: «son llamadas de atención, no lo va a hacer». Estas llamadas de atención son llamadas de auxilio. Pueden parecer manipuladoras, pero si la persona llega hasta este punto es porque su nivel de estrés y desesperanza está siendo altísimo y necesita ayuda. Nunca pases por alto estas alarmas. Hay que darles importancia y actuar para evitar que se vuelvan a producir.

Es importante hablar de forma clara y directa con la persona acerca del suicidio. En muchas ocasiones por miedo a que pueda ser perjudicial para él o ella, se evita hablar del tema, pero si aparecen algunas de las señales anteriormente expuestas es importante preguntar a la persona sobre cómo se siente, sobre si a pensado o no en el suicidio o de qué manera si es que ha verbalizado este hecho y transmitirle todo nuestro apoyo.

Cuando la persona tiene un plan específico, ha pensado cuando hacerlo, en dónde o de qué manera es un aviso importantísimo de cara a tomar medidas inmediatas.

¿Qué hacer en estos casos?

1. Preguntar directamente cómo se encuentra y qué necesita. Verbalizar que estamos ahí para lo que quiera. Que tiene nuestro apoyo. Importante que solo sean mensajes positivos y de ánimo y jamás mensajes que cuestionen lo que piense o sienta como por ejemplo: «es una mala racha, no te preocupes, pasará».

2. Pedir ayuda terapéutica para tratar la sintomatología que está causando esto.

3. Que la persona esté acompañada, que tenga una red de apoyo que le pueda dar sustento emocional. Ya sean amigos, familiares o compañeros.

4. Hacer un contrato de «No Suicidio» con la persona en la que se plantean mecanismos para evitar llegar a eso. Por ejemplo: hablar del tema cuando surja la idea, no ingerir alcohol o drogas, no tener medicación a su alcance, estar acompañado/a, etc.

5. Seguimiento de tratamiento una vez finalice el momento de crisis gorda.

El suicidio es una realidad social que a menudo se oculta por el estigma asociado. No lo debemos pasar por alto y darle voz no significa más muertes. Darle voz significa tomar medidas para que esto deje de ser tan habitual. Comparte con amigos, familiares o profesionales este artículo y ayuda a acabar con esta realidad.

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