Nueva entrega de #lahistoriadelsábado. Te cuento la historia de Jaime y sus decisiones.

Las palabras clave fueron:

Tarta de chocolate – Paciencia – Estados Unidos

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Mi nombre es Jaime. Nací en Córdoba y viví toda mi vida en Madrid. Mis padres huyeron de Córdoba porque mi abuelo paterno no aceptaba a mi madre. La consideraba una arpía. No me preguntes porqué, porque a día de hoy sigo sin entenderlo. Mis padres nunca me han explicado nada sobre el tema. Quizás se opuso a alguna decisión de mis abuelos. No lo sé. Lo que sé es que mi madre es una mujer fuerte, una mujer de armas tomar y una mujer que no se doblega ante nada ni ante nadie. Por lo tanto. Pa´fuera de Córdoba. Mi padre con esto está de acuerdo. De hecho no se habla con su padre. Considera que fue muy injusto y que no lo respetó a él. Porque vale, no le gustará la mujer de su hijo, pero él es su hijo. Podía hacerlo por él.

Y yo estuve en medio de esta tormenta durante mucho tiempo. Tengo 40 años. Ya soy mayorcito, pero a día de hoy aún vivo con mis padres.

Bueno, realmente volví a vivir con ellos.

Te cuento mi historia. Me mudé a EE.UU a los 23 años y allí estuve hasta los 36. Mucho tiempo. Mis amigos de Madrid decían que era un afortunado. Que maravilla poder vivir allí. Poder trabajar de lo que me gustaba y estudié. Soy ingeniero informático. Pero se equivocaban. Mi vida allí fue bonita al principio. Acabé la carrera, salí de mi casa y viví cómo quería. Conocí a mucha gente, me casé con Matilda, una mujer maravillosa. La conocí a los dos años de estar allí y nos casamos al siguiente. A los 26 años estaba felizmente casado con la mujer que amaba. Pero a partir de ahí, poquito a poco todo se fue torciendo.

A los 28 años, me vi soplando las velas de mi cumpleaños sobre una tarta de chocolate (mi favorita) pero con una tristeza muy grande dentro de mí. No lo entendía. Era un día especial. ¿por qué estaba así?

Matilda tampoco lo entendió. Y menos entendió que yo tomara la decisión de separarme de ella. Yo no quería aceptar mi emoción, ni que ella viviera mi estado. Creía que la decepcionaría y que me acabaría odiando. Así que me adelanté yo.

Fui un auténtico idiota.

A partir de ahí, pensé que mi vida mejoraba. Me sentía más tranquilo, podía estar triste un día y no pasaba nada, nadie me veía. Hasta que a los 34 años (pasó mucho tiempo de anestesia) Me dolió mucho todo lo que había decidido antes. Me dolió mucho haberme separado de Matilda. Ella me quería y yo a ella. Pero fui un cobarde.

Intenté contactar con ella, pero nada. No lo logré. Así que acabé un gran proyecto laboral que tenía entre manos y me volví para España. Volví a casa de mis padres.

Ahora estoy intentando adaptarme y coger fuerzas para volver a trabajar y construir mi vida.

Lo que me han enseñado estos años en EE.UU., y mis decisiones, es que tengo que tener paciencia conmigo mismo. Que está bien sentir tristeza, sentir miedo, y que no por ello tengo que cargarme toda mi vida de un plumazo. Simplemente debo darle un espacio a sentir, saber que la vida no siempre está bien, que hay épocas mejores y peores y que te pillan en el mejor momento de tu vida o en el peor, indistintamente. Simplemente hemos de conocernos con todas nuestras esquinas, para no sorprendernos y abandonarnos echando todo a perder.

Por supuesto me arrepiento de lo que hice, pero ahora ya está. Ahora sé que no volveré a tomar decisiones de esa manera. Espero que te ayude mi historia.

Hasta aquí la historia de Jaime

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Un abrazo,

Carlota.

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