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El pasado 23 de noviembre tuve el placer de ser una de las ponentes del V Encuentro de Adicciones, organizado por el Instituto Terapéutico Gallego, celebrado en Betanzos.

Allí hablé sobre las dos caras de la misma moneda. El proceso de recuperación del adicto. Cómo la adicción tiene sus luces y sus sombras. Por una parte destroza y por otra conlleva un aprendizaje.

A continuación te transcribo toda la ponencia y te dejo al final un fragmento en vídeo de la misma.

Espero que la disfrutes.

Cualquier cosa ya sabes que puedes preguntarme. Estaré encantada de que así sea.

“Me levanto de la cama de un salto y voy a la cómoda. La toalla se me cae otra vez y veo en el espejo un esqueleto raquítico: los codos, las rodillas y los nudillos sobresalen como rígidas articulaciones de madera, unidas con cuerdas. Soy la marioneta que he visto cientos de veces antes pero que nunca creí que fuera a ser yo. No soy más que palos, cuerdas y espasmos. Sin dinero. Sin amor. Sin carrera. Sin reputación. Sin amigos. Sin esperanza. Sin compasión. Sin capacidad. Sin segundas oportunidades. Y si ha existido alguna duda respecto a morir, ahora también han desaparecido”.

Este es un fragmento de la novela autobiográfica de Bill Creeg Retrato de un joven adicto a todo. En estas líneas vemos uno de los dos componentes esenciales de la adicción: el sufrimiento.

Según la OMS la adicción es una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación.

En esta definición vemos el otro componente esencial de una adicción: la dependencia.

Por tanto, cuando hablamos de adicción hablamos de una dependencia que genera sufrimiento

Ya hace 2500 años Buda estableció 4 nobles verdades que son la base de toda su filosofía: el budismo. La primera de ellas es que el sufrimiento en todas sus formas es inherente a la existencia en el mundo.

La vida en sí misma ya supone cierto sufrimiento. Esto es verdad. Y podríamos pensar que al adicto no le es suficiente ese dolor y se encarga de buscar más, conseguir más por medio de la droga o del consumo de lo que sea. Pero en realidad, es todo lo contrario. No es que no le sea suficiente, es que se ve abrumado por ese sufrimiento. No lo tolera, no tiene la madurez para aceptarlo, no sabe manejarlo y lo que hace es buscar una vía de escape consumiendo drogas, personas, objetivos… Se puede consumir prácticamente cualquier cosa. Y la cruel paradoja es que lo que hace es en vez de escapar multiplicar el sufrimiento por un millón.

Entre los adictos encontramos a personas muy diferentes. Personas de culturas diferentes, de inteligencias diferentes, sensibilidades diferentes, con patrones de consumo diferentes (diariamente, compulsivos, etc.), con sustancias diferentes. Pero todas estas características tienen un nexo común. La dependencia y el sufrimiento.

Hay un tópico que dice que los adictos tienen 3 destinos: la cárcel, el psiquiátrico o el cementerio. Yo añadiría una cuarta. Hay adictos que logran hacer equilibrios y evitar estos tres destinos pero lo que hacen es malvivir, llevar una vida de destrucción de sufrimiento en la que PIERDEN todo aquello de lo que nos hablaba Bill el dinero, el amor la carrera, la reputación, los amigos, la esperanza y sobre todo se pierden a sí mismos.

Al salir de mi trabajo paso siempre por delante de una cafetería, esta pegadita a la clínica y en el paso de peatones por el que tengo que cruzar para ir a coger el coche. Un día giré la cabeza hacia la cafetería y vi a una persona con la que había trabajado para ayudarle a salir del infierno de la adicción. Me alegró mucho verla ya que hacía tiempo que no sabía nada de él. Entro a saludar, no os voy a negar que con algo de reparo, por si estaba bebiendo (parece un absurdo, lo sé). Efectivamente cuando entré, vi que tenía una cerveza entre sus manos. Él me miró, miró a la cerveza y con los ojos llenos de lágrimas, me dijo: “sí, esto está aquí. Me sigo destrozando. Pero mira, he decidido seguir así. Ya paso”. Lógicamente esta decisión, no es una decisión sopesada y tomada con total seguridad. Es una decisión llena de dolor. Es una decisión movida por la imposibilidad de ver la salida a ese lugar tan oscuro y terrible.

Hoy hace tiempo que no sé de él de nuevo. Sólo deseo que esté bien. Pero algo me dice que sigue allí.

Es fácil ver la adicción como una TRAGEDIA, ¿verdad?

La adicción supone una ruptura con uno mismo. Supone tener poder para destrozarse por medio de algo. Y pese a que la persona ve que está destrozando su vida sigue allí sin poder salir, obsesionada por algo que aparentemente alivia su malestar y que pese a ver sus consecuencias negativas a nivel personal, familiar (porque su familia está enfadada o triste a diario), a nivel laboral (porque le han llamado la atención en innumerables veces, porque no hace bien su trabajo o porque directamente lo ha perdido) y a nivel de amistades (que poco a poco el aislamiento y la soledad la han comido). Pese a todo esto sigue negando lo innegable y refugiándose en la sustancia. Pero puede que llegados a este punto, no niegue nada, si no que el sufrimiento se vuelve tan desesperante que “ya pasa” de seguir viviendo.

Pero aunque parezca que no, la adicción también se puede ver como una OPORTUNIDAD. Vamos a ver cómo encontrarla.

Si entendemos la adicción como algo restrictivo vinculado solamente con el consumo de sustancias, personas, cosas, etc., la oportunidad radica en dejar el consumo. Ya está. Una persona adicta tendrá la oportunidad de dejar de sufrir por su dependencia alejándose del foco. Ojalá fuera tan sencillo…

Es necesario ir más allá e ir a entender cómo funciona la adicción. ¿Para qué sirve? ¿Qué tapamos con ella? ¿En qué nos está ayudando o de qué nos está sirviendo?

Tenemos que descubrirlo y la adicción nos da la oportunidad de descubrirlo.

Podría hablar del funcionamiento de la adicción, de aspectos más neurológicos, o de múltiples corrientes terapéuticas y modos de abordar el tratamiento, pero hoy no se trata de eso. Lo que sí que se extrae de todas y cada una de las técnicas, terapias, métodos de tratamiento y profesionales es que lo importante es ir al fondo de la persona. ¿Quién es? ¿Quién soy? ¿En qué punto está la persona? ¿En qué punto estoy?

A partir de ahí avanzamos. Ya que una persona no se convierte en adicta por el simple hecho de repetir una y otra vez una conducta, si no por muchos más aspectos vinculados.

La mayoría de las personas acuden a tratamiento perdidas. Con una vida desastre y sin saber cómo y por qué han llegado hasta aquí, o sin conciencia de enfermedad y siguiendo negando lo evidente. “¿yo adicto?, no. simplemente bebo o consumo bastante. Pero no es ningún problema”. Las excusas, frenos y reparos para admitir hasta dónde se llegó son múltiples.

La adicción te devuelve el reflejo de quién eres y en dónde estás. Te obliga a mirarte a la cara y decirte directamente qué está pasando. Seguramente te dará miedo mirarte al principio. No querrás. Pero poco a poco irás limpiando todos los espejos de tu casa, la habitación, las ventanas, etc y te permitirás verte reflejado o reflejada en ellos. Y ahí, es en dónde habrá comenzado tu camino de autoconocimiento y recuperación.

Pero ojo, ese proceso de autoconocimiento es apasionante y tortuoso, a su vez. Descubrir las debilidades, reconocer los errores, mirar hacia el pasado y ver cómo te has comportado… Buff te echas a temblar. Pero, ¿y lo apasionante que puede llegar a ser poder enmendar ciertas cosas, poder aprender para no ser como no quieres y aprovechar de tus fortalezas ya que por primera vez en mucho tiempo vas a ser sincero y sincera contigo mismo?

Conocerse es por ejemplo entender tu personalidad y tu sistema de creencias adictivo, algo que explica Arnold Washton a las mil maravillas en su libro “Querer no es poder”.

Sentimientos de vergüenza, perfeccionismo, avidez de poder y control, deshonestidad o autoengaño, modo de pensar en blanco y negro, obsesión por uno mismo, vacío interior, sentimientos de culpa, dificultades para el control de la ira, necesidad de gratificación inmediata, dificultad para sentir placer real, etc. Son rasgos característicos de personas adictas o propensas a desarrollar una adicción.

Todo esto junto con un sistema de creencias muy rígido basado en los “deberías” hacia uno mismo, los otros y el mundo, hace que cualquier persona entre en colapso y necesite algo para aliviar todo el malestar que produce. Imaginaros mantener siempre una perfección, imaginaros que los demás siempre deban o tengan que satisfacer nuestras necesidades o imaginaros que la sociedad debiera ser distinta y siempre encontrarnos con personas maravillosas que nos caen genial y nos alegran el día.

Una de las ideas claves de la TREC de Albert Ellis, uno de los padres de la psicología moderna, se basa, precisamente, en las creencias irracionales que tenemos las personas y el trabajo cognitivo necesario para superarlas y aprender a pensar bien.

Y la oportunidad está aquí. En darse cuenta de que esta forma de ser y hacer es la que está llevando al mantenimiento de la adicción. A partir de este momento la entrega al tratamiento hace que la persona se permita modificar, mejorar, frenar y regular muchos de sus actos, pensamientos y emociones.

Si la persona se conoce bien, se hará bien. Estará por delante de la “comadreja”. (Expresión tomada de la novela La gabardina azul de Daniel Cid)

Para que lo entiendas mejor, voy con 2 ejemplos concretos:

Hombre de mediana edad. No considera que tenga ningún problema con el alcohol. Viene obligado por la familia. Acude a tratamiento físicamente muy afectado, con una debilidad brutal. Poco a poco va entendiendo y reconociendo que efectivamente tiene un problema con el alcohol, pero ya, se queda ahí. No reconoce todavía cómo su personalidad influye sobre su vida y sobre su enfermedad. Poco tiempo después entiende que su personalidad de base, egocéntrica y directiva, le ha servido en su trabajo pero que ha limitado su vida y la de su familia. Ahora se adelanta una y otra vez a sus impulsos de mandar o solo mirar su ombligo y observa a su familia desde el cariño y compasión. Él ya no necesita la sustancia.

Mujer madura. Avidez de control y poder sobre los suyos. Ella debe ocuparse de todo y de todos. Es su papel y es lo único importante. Si no lo hace o algo falla, será su culpa. La carga se vuelve insoportable, por lo que el alcohol es el mejor refugio para no sentir peso y dolor. Hoy se da cuenta de que esto servía para sentirse mejor y más plena, pero que sin querer la iba llevando al vacío más horrible, ya que ella desaparecía por completo de su vida. Ella ya no necesita el alcohol.

Estas son dos de las muchas personas que han aprendido de su adicción y han descubierto la oportunidad que le dio el darse cuenta de que tenían un problema con las sustancias. Son dos valientes y dos sabios, a día de hoy. Que cada día trabajan porque así sigan las cosas y que la negatividad, la obsesión por sí mismos, la desconexión con los demás o las rumiaciones constantes no les ayudan en absoluto y sólo les acercan una y otra vez a la más absoluta Tragedia.

Es importante que te perdones si has llegado hasta aquí.

Te “hiciste adicto” porque necesitabas sobrevivir. Sí, así fue. No tenías ni idea de cómo hacer y parece que la sustancia te dio algo. De hecho has llegado hasta aquí. De algún modo hay que agradecerle que haya aparecido en tu vida porque llegaste, pero a la vez despedirte de ella, ya que ha dejado de servir. Ahora tienes que darte cuenta de que si permites que te acompañe en tu vida te destrozará. No hay vuelta atrás. Y esta vuelve a ser una oportunidad.

¿Cómo recordar que te despediste de la adicción porque un día te dejó de servir? ¿Cómo mantenerte en el camino de la recuperación para siempre?

El conocimiento de ti mismo y de las cosas que harán que tu vida sea mejor, más plena y más de verdad es por tanto el camino al que te ha obligado tu enfermedad. Durante el ilusionante viaje que tienes por delante tienes la oportunidad de:

Recordar quién eres tú, y no tu ego, no la imagen que proyectas sino esa vocecita de verdad que todos tenemos dentro pero que muchos tapan hasta llegar a olvidar completamente.

Recordar todo lo aprendido en terapia sobre el manejo de pensamientos y ponerlo en práctica cada día, tenerlo presente y desmontar cada vez que aparezcan esas creencias adictivas que nos dice Washton o la irracionales de las que nos habla Albert Ellis. Nunca dejarte ir

Meditar, hacer mindfulness, pasear por la naturaleza, salir de las rumiaciones y del incesante parloteo mental y volver al aquí, al ahora. Llevar esa conexión a tu vida diaria: cuando estás hablando con tu madre, jugando con tus hijos, haciendo el amor con tu pareja, charlando con una amiga, en tu trabajo, cuando estés leyendo unas páginas de un libro o cuando estés viendo tu serie preferida. Aprender a elevar la calidad del momento es decisivo para disfrutar de la vida.

Aprender cosas nuevas, a tocar la guitarra, a pintar, leer novelas apasionantes, entrar en la mente de grandes filósofos, disfrutar del arte, de los viajes, la lista es infinita.

Recordar que el sufrimiento es parte de la vida, que vas a seguir sintiendo dolor, pero que puedes aceptarlo, puedes seguir caminando, y no tienes que caminar solo. Puedes pedir ayuda una y otra vez, a tu terapeuta, a tus seres queridos…

Agradecer cada día que estás sobrio, agradecer cada día que tienes una vida, que hay oxígeno que respirar, agua que beber y personas a las que querer.

“La adicción está llena de paradojas, tal vez la más importante sea que dentro del adicto se encuentran a la vez las semillas de la destrucción personal y de la autotransformación. Las opciones que usted elija determinarán cuál de esas semillas habrá de germinar. Nadie se propone convertirse en adicto pero una vez que ese problema aparece en su vida lo que haga al respecto depende de usted. En la recuperación está la esperanza. Está la promesa, no tanto de renunciar a algo como de ganar mucho. Y lo que es aún más importante, la posibilidad de avanzar. La recuperación le da la esperanza, no de volver a ser la persona que era usted antes de aparecer su adicción, si no de progresar, de convertirse en todo lo que usted es capaz de ser”.
Arnold Waston.

Lo dicho, déjame tus comentarios o escríbeme si lo necesitas.

Te recuerdo que puedes tener una sesión online conmigo. Escríbeme en el siguiente enlace si así lo deseas  https://carlotaserrapio.com/services/individual-therapy-and-solutions/.

Tendremos una primera sesión gratuita de 20/30 minutos para comprobar si te encaja el formato y te puedo ayudar realmente.

Un abrazo,

Carlota.

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