El otro día en mi Instagram (@carlotaserrapio), escribía lo siguiente sobre la ansiedad:
Palabra que revuelve todo tu ser. Que se mete dentro de ti y no te permite avanzar. Palabra que habla sin cesar aún cuando no quieres escuchar. Palabra dura. Palabra que desearías que no existiera. Pero que sabes, que si no existiera, habría otra que dolería igual.
Carlota Serrapio
Esa es mi descripción sobre la ansiedad en su polo más negativo. La describo como algo persistente y molesto, muy molesto. Y ahora matizo que siento que lo podemos ver así cuando aparece en nuestra vida por primera vez.
En esta misma publicación varias personas dieron su propia definición de la ansiedad:
-
- Anaya dijo que la ansiedad le alejaba de su ser, que activaba una alarma interna que le avisaba de que algo fallaba y a su vez le generaba más ansiedad.
- Mariel escribió sobre la ansiedad como descontrol, desesperanza, miedo, dolor, sufrimiento y rabia cuando no puede salir de ahí.
- Patri la definió como frío, oscuridad, dolor, desesperación y angustia. Y lo peor, dijo que era el no darse cuenta de que estaba ahí hasta que estaba en el peor momento.
- Judith la asimiló a incomodidad, dolor y sufrimiento y a su vez da un mensaje de esperanza cuando dice que al ser consciente de ello encontraba la oportunidad de cambiar el rumbo.
- Ana Isabel describió que eran esos momentos en los que todo le supera y le paraliza. Siente que hay otra persona dirigiendo su vida. Ella no es.
- Evelyn dijo que se asemejaba a la asfixia, a un punto muerto en el vacío, a la parálisis y la hiperactividad, fuera de juego, vergüenza… Y como algo permanente y a su vez eventual.
- Y Noelia finalizó la ronda diciendo que la ansiedad era mala. Nada más.
Todas estas descripciones reflejan como la ansiedad es algo que cada persona vive de una forma muy personal e íntima. La ansiedad la podemos definir como una enfermedad, como un conjunto de síntomas y signos que alejan a la persona que lo sufre de la tranquilidad interior. Puede deberse a muchas causas y no tiene porque responder un desencadenante concreto. La ansiedad es un estado, que como decía Evelyn anteriormente, si no tomamos medidas muchas personas lo pueden vivir como algo permanente.
Pero, ¿cómo darnos cuenta de que tenemos ansiedad?
La ansiedad avisa de diferentes formas. Empecemos por el físico. Normalmente los signos y síntomas que describiré a continuación te llevarán a consulta del médico si se mantienen durante varios días. El susto puede ser importante.
a) Síntomas físicos: presión en el pecho, sensación de falta de aire, palpitaciones, sudoración, temblores, dolor de estómago, sensación de mareo, pérdida de equilibrio, rigidez muscular.
Muchas personas acuden a urgencias o a su médico de cabecera para descartar problemas cardíacos o problemas intestinales, por ejemplo. Algo raro sienten pero no son capaces de ponerle nombre.
Si seguimos explorando, llegamos a la sintomatología emocional:
b) Síntomas emocionales: irritabilidad, miedo, vergüenza, dificultades para expresar las propias emociones, dificultad para tomar iniciativa en situaciones en las que antes si se haría, agobio, angustia, sensación de estar volviéndose loco/a, sensación de “flotar” o de estar “fuera de uno mismo”.
Estos síntomas ya pueden hacer sospechar de que algo más que lo físico está ocurriendo. Si bien, en muchos casos estos síntomas se tapan porque el pensamiento de estar volvíendose loco actúa como un factor de vergüenza que impide pedir ayuda en un inicio. Así como la frase de: “en una mala época” y la negativa a reconocer el problema. Hechos que pueden ralentizar el acceso a un profesional de la salud mental.
También se observan cambios a nivel psíquico y de pensamiento:
c) Sintomatología psíquica: problemas de memoria o de atención, hiperactividad, creencias disfuncionales, desconfianza, bloqueos, confusión, miedos infundados o a situaciones o personas que antes no lo generaban, sensación de incapacidad o inadecuación.
Estos síntomas son muy incómodos para la persona que los sufre. Suele sentir que hay un parloteo constante en su mente que impide obtener la serenidad suficiente para enfrentarse al día a día.
Y a su vez todo lo anterior repercute en las relaciones sociales provocando los siguientes problemas:
d) Síntomas a nivel social: aislamiento, sensación de incomodidad en situaciones sociales, agobio al encontrarse en lugares concurridos u oscuros como por ejemplo teatros, cines o ascensores entre otros, verborrea o silencios (incapacidad de hablar o mostrar las propias opiniones).
Estos son algunos de los síntomas más frecuentes de la ansiedad. Es importante conocerlos para así poder anticiparte a ellos y no asustarte. La ansiedad se retroalimenta por el propio miedo que generan los mismos síntomas. Un paso importante en la recuperación es comenzar a identificar que lo que está pasando no es más que ansiedad. Que sí, es molesta de narices, pero no pasa nada más que eso y por lo tanto se puede solucionar. Eso sí, con trabajo.
En los próximos post te iré hablando de pautas y estrategias para aliviar estos síntomas.
¿Sueles tener ansiedad? ¿Cómo se suele manifestar en tu caso? Cuéntame en comentarios o escríbeme a info@carlotaserrapio.com para poder ayudarte en cada publicación.
Un abrazo,
Carlota.
